Al riesgo de extraviarme tras el efecto divergente
que al desamparo de la noche me coronan
como un vencido por laureles suplicantes;
un terror portavoz de purulenta realidad me acosa
con sus baladas de niebla y venganza,
absorvido por las tentativas sin mañana
y con el corazón empedernido
en busca de los alaridos de tu eterno lenguaje
humedecen mis ojos con llanto salvaje.
Yace en el pecho la negra huested
que cien veces atormentada por el fango de la materia
me sorprende inadvertidamente al recuerdo
de un espectáculo que hace vibrar
en una nostálgica tempestad a esta triste elemento.
Se ha perdido el dulce reposo del alma
ante la desoladora crueldad que hace desangrar
las lineas de mi historia.
Dentro de un huerto flamigero
obtengo en mi dolor el placer de tu despedida.
Ángel o demonio
eres tu la mancilladora silenciosa de esta tierra
que no es capaz de sustituirte y que solo se reverdece en el olvido.
Roberto Novoa Olvera
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