Con la mirada perdida en el firmamento
se anuncian las horas dolorosas,
y enlutado el corazón por una huella
que resuena entre el mar y la niebla,
dejan una cicatriz profunda,
en el hondo caliz de mi pecho.
en el hondo caliz de mi pecho.
Con mi voz apagándose en el regazo blando
hoy encontré el lugar que exhala noches de turbia tormenta,
lejos de dios y lejos de la nada
me remonto sobre el lodo lánguido y perdido,
y en la densidad de ese error
una temprana muerte se implanta en mi.
Corro desbocado entre la olas de mísera carroña
escribiendo unas sentencia de despojos y olvidos;
en la trémula luz de la noche triste
hago mi entrada triunfal hacia el cementerio de la vida.
¡ Oh cuanto me arrepiento!
Roberto Novoa Olvera
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